Fashion and society: Situación laboral manufacturera de la industria del vestido en México.

Fashion and society: Situación laboral manufacturera de la industria del vestido en México.

La importancia de la industria del vestido en México radica en su contribución al desarrollo laboral y económico de diversas regiones del país. Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en el año 1994, la industria logra un importante incremento en sus exportaciones al mercado estadounidense, considerado éste, como el principal socio comercial de México en materia de vestido (CEC, 2008).

En nuestro país, la industria del vestido se caracteriza por tener una actividad productiva del tipo tradicional, resultado del atraso en los que la mayoría de los trabajadores en este sector laboran en condiciones de sobreexplotación (UAM, 2007). Es así, como el comportamiento de dicha industria ha presentado en los últimos años un descenso en su producción, consecuencia de múltiples factores como: la participación de países que cuentan con estrategias que se basan en la producción de prendas a bajo costos, como es el caso de China. Al igual que la presencia de un mercado ilegal y una creciente informalidad en materia de vestido en nuestro país.

Es a finales de los años noventa y principios del 2000 que surge en el México la industria maquiladora, al ser nuestro país en aquellos años, el principal proveedor internacional de prendas de vestir y textil de Estados Unidos. Situación que cambió con el desplazamiento de nuestro país con China dentro del mercado. Tal fue el impacto, que en el año 2001 se consideraba que el 75% de los empleos generados dentro de la industria del vestido eran generados por las plantas maquiladoras exportadoras en el país; contando con el apoyo de los gobiernos locales con el fin de atraer la inversión a sus estados y frenar la migración a los Estados Unidos (SE, 2013). Sin embargo, contrario al objetivo inicial de erradicar la pobreza y el desempleo, la presencia de la maquila en México tuvo como consecuencia la generación de precarias condiciones laborales, al considerase como uno de los sectores con mayor intensidad en la carga de trabajo y la ausencia de derechos colectivos para sus empleados. 

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la industria del vestido se caracteriza por una alta rotación laboral, el uso intensivo de mano de obra no calificada, la presencia de salarios bajos y una escasa o nula sindicalización de sus trabajadores; situación que se confirma para el caso mexicano. Por esto, los empleados dentro de esta industria se consideran un grupo vulnerable por la dificultad para llevar a la práctica sus derechos laborales, así como a la exclusión social a la que se enfrentan las personas que laboran en los pequeños talleres de costura y trabajadores a domicilio, al ser el eslabón más débil dentro de la cadena productiva. Esta situación de precariedad laboral se considera consecuencia de una constante exigencia por parte de las empresas estadounidenses por disminuir los costos de producción y los tiempo de entrega de las prendas. Así por un débil cumplimiento de las leyes laborales locales, una dificultad para la implementación de prácticas laborales justas dentro del marco normativo existente, la ausencia de capacidades intitucionales que monitoreen el cumplimiento de los derechos laborales de los trabajadores y el nulo poder de los sindicatos (UAM, 2007).

Aunado a esto, las situación de las mujeres dentro de la industria es aún más alarmante. La fuerza laboral informal dentro de la industria del vestido es predominantemente femenina, y la brecha salarial entre hombres y mujeres es aún más grande en la economía informal que en la formal, en donde las mujeres ganan en promedio mucho menos que los hombres (Carr, 2000). Además de trabajar en la informalidad y ser contratadas solamente cuando hay trabajo, las personas que se dedican a la confección de prendas de vestir trabajan en condiciones laborales de explotación; cobrando por “destajo” o dependiendo de la cantidad de artículos producidos. Sin embargo, esta modalidad se caracteriza por una baja paga y no recibir remuneración por las horas extras trabajadas. Es así como hasta la fecha no se han logrado implementar políticas exitosas que se enfoquen a abordar la problemática de la situación laboral que viven miles de trabajadores, no solo en nuestro país, sino en el mundo; en donde primeramente, se tiene que distinguir entre los trabajadores que laboran por cuenta propia y los trabajadores subcontratados en las plantas maquiladoras. Al ser las mujeres el grupo más vulnerable dentro de la industria, las políticas que se busquen implementar deben incluir una perspectiva de género que apele a sus necesidades.   

 

Bibliografía
CEC. (2008). La industria del vestido en México; diagnóstico, prospectiva y estrategia. Centro de Estudios de Competitividad del Instituto Tecnológico Autónomo de México.
SE. (2013). Guías Empresariales: Programa para la Competitividad de la Cadena Fibras – Textil – Vestido. Instituto Nacional del Emprendedor.
UAM. (2007). El futuro de la Industria Textil en México: un desafío para todos. Levi Strauss Foundation.
Marilyn Carr, Marty Chen, Jane Tate. (2000). Globalization and Homebased Workers. Women in Informal Employment: Globalizing & Organizing (WIEGO)