ITALIA: MODA, TRADICIÓN Y LUJO

ITALIA: MODA, TRADICIÓN Y LUJO

Sería imposible negar el poderío y legado de una nación como Italia en la historia de la humanidad; tan sólo en el ámbito artístico, de aquel territorio mediterráneo se irradiaron las principales corrientes del arte que dominaron el mundo cocidental por casi cuatro siglos, junto al arte, la moda es quizás una de las aportaciones de Italia que más se reconocen. 

Bajo su sello de manufactura, “Made in Italy”,  se engloban una serie de valores muy apreciados hoy en día por el consumidor:  calidad, lujo y exclusividad, y se fabrican una importante cantidad de los artículos y bienes de la industria de la moda que enfatizan su culto.

El caso del surgimiento, de la que hoy es la tercera industria en aportar al PIB nacional del “país de la bota” la nada desdeñable cantidad en facturación de 88 millones de euros en 2021, es peculiar y merece la pena estudiarse como un producto del zeitgeist de un país que se conformó tal como se conoce a principios del siglo XX, tras un cuarto de siglo constreñido por las guerras de unificación que desembocaron en la unión de los diversos reinos y ciudades-estado que fragmentaron la península itálica desde la caída del imperio romano

Aunque hoy es difícil imaginar a la moda desterrada de la identidad de la sociedad italiana, para quienes representa una forma casi de orgullo nacional y de carta de presentación hacia el mundo, a diferencia de su contraparte transalpina, la moda francesa, el surgimiento de la propuesta itálica se dió en la segunda mitad del siglo veinte, casi como un instinto de supervivencia tras la desgracia de la Segunda Guerra Mundial.

La tradición, fungió como el elemento clave que hiló la construcción de la industria de la moda italiana, una fortaleza y un rasgo que la diferenció y la sigue distinguiendo de sus modelos rivales. La Italia fragmentada fue reconocida desde la Edad Media por la gran especialización de sus gremios artesanales, lo cual atrajo riqueza y poder mediante el auge comercial. 

Los calegheri, el gremio de artesanos que comerciaban su maestría con el cuero en el siglo XIII, los productores de textiles del Véneto, los ferronnerie u orfebres de la Toscana, con sus conocimientos ancestrales heredados por generaciones fueron la piedra angular en que se cimentaron empresas como Fendi, Prada, Gucci o Etro. 

Justamente la familia, como núcleo de la empresa, así como el conocimiento y las labores especializadas de ciertas regiones siguen siendo fundamentales en el funcionamiento del modelo italiano en la moda, la unión entre historia y tradición familiar, lo cual le ha permitido conservar su carácter único y enfatizar cuestiones como el deseo que despierta como sinónimo de sofisticación y altos estándares de producción.

Identidad cultural

En 1861 cuando se conformó el Reino de Italia, inaugurando la regencia de Vittorio Emmanuele de Saboya, y tras casi treinta años de guerras independentistas consumadas en su totalidad hasta 1870, la situación de Italia era la de un crisol de identidades emanadas de regiones con espíritu propio.

Entrado el siglo XX, en la sociedad italiana comenzó a gestarse un sentimiento de búsqueda y conformación de una identidad nacional, Maria Monaci Gallenga, una romana burguesa, fue una de las figuras vanguardistas que percibió en la riqueza histórica y artística del pasado, y en las habilidades artesanales traducidas a la ropa, un motivo extraordinario para alentar esa conformación, convirtiéndose en la matriarca de la moda italiana.

Trágicamente paralelo a su muerte en 1944, opacada por la ocupación aliada y la caída del régimen fascista, surgió un séquito de modistos pertenecientes a la aristocracia que comenzarona  constituir un gremio en torno a la moda que buscaba impulsar la mermada economía y “hacer un lavado” de imagen al país para colocarlo en el radar de la innovación.

Las hermanas Fontana, la duquesa Simonnetta Colona di Cesaro, Emilio Schuberth, Germana Marucelli y Emilio Pucci, exponentes de la alta moda, ya diferenciada del tono excesivamente ceremonial del New Look francés gracias a la intrincada labor artesanal, auguraron el primer fenómeno de la moda en Italia que surgió paralelo al auge turístico y a la fascinación que atrajo el cine con la estética cliché de la dolce vita y la apertura de un mercado norteamericano conformado por celebridades y la jet-set.

El 12 de febrero de 1951, con la celebración del primer  desfile de creativos italianos organizado por el empresario y aristócrata Giovanni Battista Giorgini en la villa Torrigiani de Florencia, la prensa europea y estadounidense alumbró un nuevo estilo y modelo en el sistema de la moda, emanado de las propuestas de los modistas italianos, que nacía como una respuesta alternativa al costoso y refinado formalismo de la moda francesa y el desenfado de la moda estadounidense.

El stile italiano fue definido por voces especializadas como la de Irene Brin de Harper´s Bazaar como “un modelo estético informal pero aristocrático”, que definió su éxito, magnificado en la década de los 70 con la llegada del prêt-á-porter gracias a etiquetas como Krizia, Missoni y diseñadores como Giorgio Armani, Gianfranco Ferré y Walter Albini, o el auge de Milán como núcleo de innovación y tendencias, que impulsaron la internacionalización de la industria de la moda italiana y la volvieron objeto de deseo.

El stile italiano fue definido por voces especializadas como la de Irene Brin de Harper´s Bazaar como “un modelo estético informal pero aristocrático”, que definió su éxito, magnificado en la década de los 70 con la llegada del prêt-á-porter

Lujo presente y futuro

Precisamente la perduración de la etiqueta, la popularidad de los diseñadores italianos y su éxito se deben a una peculiar visión, producto del recelo con que conservan prácticas antiquísimas, el perfeccionismo en la manufactura que los ha hecho desdeñar la producción inmediata y excesiva y la fuerte adhesión de las firmas y diseñadores a su rico patrimonio cultural.

La capacidad de reinventar la imagen a través de la publicidad y la promoción ha sido otro de los puntos fuertes de la moda italiana, los vínculos con expresiones como el cine o una peculiaridad propiamente italiana como lo es la habilidad para reconocer el deseo del cliente, pues ante todo, como bien afirma Carlo Capasa, presidente de la Camera Nazionale della Moda Italiana, “su espíritu se basa en el deseo contrario a satisfacer una necesidad”, han supuesto la clave en la pervivencia del lujo italiano, que es donde radica su carácter único dentro del sistema de la moda.

La popularidad de los diseñadores italianos y su éxito se deben a una peculiar visión, producto del recelo con que conservan prácticas antiquísimas, el perfeccionismo en la manufactura que los ha hecho desdeñar la producción inmediata y excesiva y la fuerte adhesión de las firmas y diseñadores a su rico patrimonio cultural.


Fernando De los Santos es redactor y creador de contenido junior y egresado del Creative Lab en Comunicación y Marketing para la industria de la moda y lujo de TALLER Fashion Development Project.